Roma
inició la conquista de la Península Ibérica
en el año 218 a.C. Ante su llegada los pobladores indígenas
mantuvieron distintas actitudes: algunos, como vascones o sedetanos
no ofrecieron resistencia; otros, como ilergetes, suesetanos o celtíberos
presentaron fuerte oposición. En el 195 a.C. el cónsul
Catón fue enviado con 30.000 hombres para reprimir la revuelta
generalizada en Hispania Citerior; los ilergetes y los jacetanos
fueron sometidos, y pocos años más tarde también
los suesetanos, que se habían alzado en armas. Después
Roma comenzó el avance hacia el oeste enfrentándose
entonces a los celtíberos. Las guerras con estos pueblos
celtas se prolongaron hasta el año 133 a. C., fecha de la
toma de Numancia, último gran enclave de la resistencia celtibérica.
El proceso de aculturación
fue lento. Los indígenas mantuvieron en gran parte sus tradiciones,
lengua y religión; poco a poco, gracias al ejemplo de las
elites locales, fueron adoptándo las costumbres de los dominadores.
Se sometieron a las decisiones del gobernador romano de la provincia
(inscripción de la Tabula Contrebiensis, hallada en Botorrita,
Zaragoza), participaron como tropas auxiliares en el ejército
romano y, con el paso del tiempo, dieron a sus hijos nombres romanos
(Bronce de Áscoli).
Integrada ya en el mundo romano,
la región participó en los conflictos internos de
éste. La guerra con Sertorio fue el primero de ellos. Algunas
ciudades del Valle del Ebro, como Ilerda (Lérida), Calagurris
(Calahorra) u Osca (Huesca), apoyaron a este antiguo gobernador
de la provincia. El asesinato de Sertorio a manos de Perperna en
Osca puso fin al conflicto.
César asentó veteranos
de sus legiones y grupos de plebe romana en las provincias, creó
municipios y concedió la ciudadanía romana a la población
indígena. En el 44 a. C. fundó la Colonia Victrix
Iulia Lepida, en la ciudad de los ilergetes llamada Celse (Velilla
de Ebro). Augusto continuó esta política y convirtió
en municipios varias comunidades indígenas: Urbs Victrix
Osca (Huesca), Augusta Bilbilis (Calatayud) y Turiaso (Tarazona).
Además fundó Caesaraugusta (Zaragoza), sobre la Salduie
ibérica y la hizo capital de un amplio distrito administrativo
(convento jurídico).
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