Zaragoza
es la ciudad destino para quienes han descubierto que la vida es
esencialmente disfrutar de las pequeñas cosas, de la familia,
de los amigos, de los rincones con sabor que siempre caen a mano.
Ideal para quienes han preferido cambiar la ansiedad por el sosiego,
para quienes han entendido que el encanto de una ciudad media del
interior no es otro que el de contar con las ventajas de una gran
ciudad y con muchos menos inconvenientes.
Zaragoza todavía es una ciudad que la
podemos abrazar, compacta, que la podemos disfrutar a golpe de calcetín,
céntrica y concéntrica. Todo gira en torno al centro
y en ese perímetro en el que convivieron romanos, judíos
y árabes, que fue el escenario de Los Sitios, que tuvo al
Ebro por frontera defensiva, en ese escenario el paseante puede
perderse en un viaje espiritual, de goce y disfrute interior.
Puede adentrarse en el túnel del tiempo
para descubrir la Zaragoza romana, la Zaragoza judía, la
Zaragoza mudéjar, la Zaragoza árabe, la Zaragoza ilustrada
de Ramón de Pignatelli y del Conde de Aranda, la Zaragoza
de Los Sitios, la Zaragoza de la industrialización, la Zaragoza
de la República, del franquismo y de la democracia.
Un todo céntrico y concéntrico
definido por las murallas romanas, por el foro y el teatro romanos,
por la Seo, por la Aljafería, por el Pilar, por el Museo
de Zaragoza y por esa apuesta de futuro del Goya joven, y también
por un rosario de parroquias cargadas de historia: la del Portillo,
la de San Pablo, la de Santiago, la de Santa Engracia, la de San
Miguel, la de San Gil, la de la Magdalena, la de San Nicolás,
la de Santa Isabel, la de San Felipe.
Y de palacios como el de los Argensola, el
de Montemuzo, el de los condes de Argillo, el de los condes de Sástago,
el de la Real Maestranza, el del Justicia de Aragón, el del
general Palafox, el del Prior Ortal, la casa de los Morlanes...Y
de una Semana Santa, para los seguidores de las manifestaciones
religiosas en la calle, desconocida, sorprendente y deslumbrante.
Zaragoza cuenta, además, con grandes
espacios verdes para el juego y el disfrute como el Parque Grande,
los Pinares de Venecia, las orillas del Canal Imperial y rodeando
a la ciudad la huerta de Garrapinillos con sus merenderos, los galachos
de Juslibol y de la Alfranca, las huellas de los ríos, Ebro,
Gállego y Huerva. |