Con
el primero de los llamados «Austrias menores», Felipe
II (III de Castilla) (1598 - 1621) se inaugura el difícil
siglo XVII. Su medida más importante también en relación
con Aragón fue la expulsión de los moriscos en 1610
que resultó nefasta: pérdida demográfica de
un 15 % de la población aragonesa, la ruina del campo y desatención
de riegos y acequias, pérdidas de alfares (Muel y Villafeliche).
El vacío poblacional, a pesar de la inmigración francesa,
fue notable y muchos lugares no se recuperaron hasta bien entrado
el siglo XVIII.
Bajo Felipe III (IV de Castilla)
(1621 - 1665) se intentó desarrollar la "Unión
de Armas", un proyecto que intentaba crear una reserva militar
de la monarquía a la que Aragón debía contribuir.
Esta aspiración del Conde Duque de Olivares, valido real,
contribuyó a aumentar las difíciles circunstancias
económicas que arrastraba Aragón, al incrementarse
la presión fiscal que perjudicó notablemente junto
con la coyuntura el comercio y, con ello, los ingresos de la Diputación
del Reino. Todo esto, más la prohibición del comercio
con Francia, empobrecieron aún más al reino que, por
otra parte, vivirá poco después las consecuencias
de la peste de 1648-1654. Además la crítica situación
aragonesa se complicó todavía más con la Guerra
de Secesión de Cataluña (1640 - 1652), donde la franja
fronteriza sufrió especialmente las consecuencias: saqueos,
ataques y ocupaciones, etc. Las consecuencias de este reinado fueron
muy graves para Aragón: continuas movilizaciones de hombres
por las guerras contra Francia y Cataluña, falta de mano
de obra, constantes requisas, medidas contra la población
de origen francés, alojamientos de tropas ... que se resumen
en dos palabras: inseguridad y pobreza generalizada. En todo este
contexto hay que enmarcar la llamada conspiración del duque
de Hijar (1648) contra la monarquía castellana.
Bajo el último de los Austrias,
Carlos II (1665 - 1700) un personaje destacado fue don Juan José
de Austria, hijo natural de Felipe III de Aragón. Contó
con el apoyo de Aragón y de Cataluña para provocar
el primer golpe de fuerza de la historia moderna de España
(1677).
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